Biocomercio Andino

Colecciones

Colección de Joseph Jussieu Colección de Humbolt y Bonpland Colección de Sodiro
Colección de Hall, Jameson, Hartweg

Desde  la  época  de  la  Misión  Geodésica  Francesa, que arribó  a  Quito  en 1736, comienzan las relaciones entre personajes de la historia y nuestras plantas:  Charles-Marie  de  La  Condamine  y  la  quina  de  Loja,  Antonio  de Ulloa y las plantas del páramo, Joseph de Jussieu y decenas de plantas de la Audiencia de Quito, las cuales fueron nombradas principalmente por los botánicos Philip Miller, Jean Baptiste de Lamarck, Louis Desrousseaux, Antoine Laurent de Jussieu, Christiaan Persoon y Alexandre de Cassini. Más tarde vendrán Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland quienes en el año 1802 residieron por cerca de seis meses en Quito y en el valle de los Chillos. Su aporte, con más de cien especies de plantas patrimoniales de la ciudad y su entorno, es solo el comienzo del que puede denominarse el siglo del conocimiento de la flora de Quito. Es así como, alrededor de treinta años después, el coronel Francis Hall recolectó muchas plantas patrimoniales de Quito y no solo él, pues se sumaron Theodor Hatweg, William Jameson, Eduard André, Richard Spruce, Alphons Stübel, Luis Sodiro, entre otros, y colaboron con ellos los mejores botánicos del mundo de su tiempo como Carl Willdenow,  Carl Kunth, Geoge  Bentham,  William  Jackson Hooker, Georg Hieronymus y otros.

El actual Ecuador y la ciudad de Quito en particular, ya disponían de la información científica de miles y de cientos de plantas, respectivamente, hasta fines del siglo XIX, muchas de ellas propias de los ecuatorianos y de los quiteños. 

Al haber perdido, olvidado o ignorado esta información, comenzamos a asumir que las plantas de las quebradas, de los lotes baldíos, de los taludes, no tienen valor, son simplemente malas hierbas, son plantas que deben ser removidas o destruidas y reemplazadas por las propagadas en de los geranios africanos y de la gran cantidad de especies exóticas que se han tomado los espacios y la estética visual en parques, veredas y jardines de Quito. 

Hay suficientes especies vegetales  nativas para que, tanto barrios de la ciudad como diferentes poblaciones y zonas de la hoya, tengan sus propias plantas emblemáticas, por ejemplo: el arrayán de Quito, Myrcianthes hallii, es una especie nombrada en honor a su recolector el coronel inglés Francis Hall, ha sido declarada como árbol emblemático de Quito ya que, además de tener su propia historia, es un árbol hermoso, ideal para las veredas, de madera fina, con cuyas hojas se aromatiza una de nuestras bebidas tradicionales conocida como la colada morada. 

Otra especie patrimonial es el guabo de los valles de Cumbayá, Tumbaco y Los Chillos, Inga insignis; este árbol debe ser adoptado por sus habitantes como su emblema. Esta especie fue recolectada por primera vez entre Quito y Puembo por Alexander von Humboldt y Aimé Bonpland.

La mora de Castilla cuyo nombre científico es Rubus glaucus, es para la botánica una mora de Quito ya que la planta con la que se nombra y describe la especie fue recolectada en los huertos de la ciudad, que en el siglo XIX se encontraban hacia las laderas del Pichincha; los quiteños tenemos la suerte de contar con una fruta emblemática de Quito.

La planta herbácea anual denominada allpa chocho, conocida para la ciencia como Lupinus pubescens, debería llamarse allpa chocho de Rumipamba ya que esta hermosa planta anual fue descubierta en esa zona de la ciudad. 

Las mencionadas son solo una muestra de los cientos de especies de plantas patrimoniales de Quito y de su hoya.

De manera lamentable, los mismos habitantes quiteños y sus instituciones han ocasionado la destrucción del patrimonio vegetal de la ciudad, al rellenar quebradas y enterrar nuestro patrimonio natural, construir parques lineales sobre el patrimonio destruido y promover la siembra de especies exóticas, totalmente ajenas a nuestro paisaje, incluso creyendo por desconocimiento que son plantas nativas.

El nuevo paisajismo de Quito debe promover la conservación y restauración de las riberas de los ríos y quebradas, respetando así la naturaleza urbana. Una vez restauradas las riberas, tienen que estar conectadas con nuestra vegetación patrimonial a ser introducida en parterres de avenidas, veredas, parques y jardines; así se logrará la intercomunicación con el resto de la vida silvestre de la ciudad, sobre todo con las hermosas aves de Quito.

Ing. Carlos  Ruales